Quizás el origen de mi fobia a las babosas

 


         Esto es extraño. O veo el futuro, o te estoy invitando a ser parte de mi mente. ¿Por qué ya puedo dibujar tus respuestas? ¿Es que sos previsible o que también quiero tenerte bajo mi control? Esta semana atravesé fuertes procesos, coincidió con el temporal, así que llovía fuera todo lo que sacudía en mí adentro.  ¿Te interesa que te cuente lo que pienso de las sustancias y nuestra química? Porque lo que estoy atravesando se parece a un canal que se va rompiendo, donde se van abriendo capas - la sensación me lleva incluso hasta algo membranoso - pero es que es algo así, como la serpiente cuando cambia la piel y deja tras de sí algo muerto. No quiero que me malinterpretes, no soy fan de las drogas, solo que a estas sustancias yo no las llamo drogas, para mí son herramientas. 

         Me imaginé empezando la próxima sesión de esta manera. La base de todas mis nuevas honestidades era para mí consecuencia de esta reacción química: el tratamiento. El tratamiento no es sugerencia de ningún tipo, es mi experiencia. Llevo un tiempo atendiendo a como se ordena mi mente postcannabis y como afecta a mi cuerpo según los distintos tipos de consumo que vengo teniendo. Quiero aclarar que en general le presto atención a todo lo que consumo. Que si como garbanzos o tres brioches, me sirve conocer como recepta mi cuerpo y como reacciona. Y con las sustancias que modifican mis sentidos o percepciones intento estar en modo registro permanente. 

        Lo cierto es que esta semana alcancé frescos, sabios y poderosos estados de lucidez. A veces el alma me hierve, a veces es ansiedad, a veces son muchas otras cosas. Ser una persona con un pecho de lava, no es fácil, tengo que decir en mi defensa. Cuando sos una persona que procesa primero con el alma, con esa masa energética que se acumula alrededor del pecho, la vida es un camino efervescente. 

        Cuando era chica, encontré en el campo un pajarito, pequeño y gordito, siempre quise encontrar un pajarito con el ala rota y ayudarlo a retomar vuelo. Y ahí estaba yo, armando una cajita de zapatos con agua, lo que deliraba que podía llegar a comer y su camita. Pero, yo tenía una rutina y no podía permanecer al lado de mi amigo todo el día: nosotros almorzabamos y nos ibamos al río todo el día, todos los días del verano. 

Entonces mudé mi pajarito con su casita al galpón, protegido de zorros o gatos y me despedí después del mediodía, con la promesa de volver a encontrarnos a la noche. Bueno, quizás esta historia es una ilustración absurda del pecho de lava pero lo que sucedió fue que cuando llegué estaba un poco inmóvil. Lo acuné en mi mano y trate de estimularlo y me di cuenta que algo se movía. En su pecho, muchos movimientos, sombras. Y es ahí que me doy cuenta que su piel se traslucía y que todo ese movimiento era dentro suyo. Muchos gusanos rellenaban su pecho y se movian para todos lados. El pajarito estaba muriendose por dentro, comido por esos seres horribles. 


El asco y el shock lo dejaré abierto al imaginario popular. 


/como voy a saber la velocidad del equilibrio/


15/7/23

Comentarios